lunes, 2 de enero de 2017

Una guía para la vida, el amor y la salud...(libro gratis)

Como Vivir Día a Día

por Bernie S. Siegel

Una pústula
es algo bello, una moneda
que ha acuñado el cuerpo, con un lema invisible:
En Dios confiamos.
Nuestro cuerpo nos ama
y, aunque el espíritu sueñe a la deriva,
él se ocupa de reparar el daño que le hacemos...
Cierra los ojos, pues sabes
que la curación es obra de la oscuridad,
y la oscuridad una túnica de la curación,
que al bajel de nuestra trémula aventura
lo mueven mareas que escapan de nuestro control.
La fe es el requisito de la salud:
este es el hecho con que contamos a falta
de mejor prueba de la existencia de Dios.
De Ode to Healing
[Oda a la curación]
JOHN UPDIKE
     Indice

Introducción: Una guía para la vida, el amor y la salud.
1 ¡Socorro! Desde aquí, ¿a dónde voy?
2 Amar a los demás: Abre tu corazón.
3 Sánate: Un juego de recursos para ponerse bien.
4 La exploración del espacio interior: Cuerpo, mente y espíritu.
5 Siempre se puede ayudar a los demás.
6 «Al servicio del amor»: Las profesiones de la salud.
7 Reflexiones: Espiritualidad, religión y sanación.
8 El puente: Dejarse ir y encontrar la paz.
Una conclusión dichosa.

Introducción:

Una guía para la vida, el amor y la salud

Un día de otoño de 1977 participaba yo en un taller, y sentada a mi lado estaba una paciente mía afectada de cáncer de mama. De pronto se volvió hacia mí.
-¿Sabe usted lo que necesito saber? Cómo vivir día a día, entre una visita y otra a su consulta.
Yo me había inscrito en el taller por las dificultades que se me planteaban como médico: debido a lo inadecuado de mi formación, no sabía cómo tratar a los pacientes en cuanto personas. Como muchos médicos, había levantado murallas a mi alrededor para protegerme del dolor emocional que presenciaba. Se me había preparado para tratar las enfermedades, y cuando me di cuenta de que no podía curarlas todas, empecé a sentirme un fracasado.
Ahora sé que enseñamos lo que necesitamos aprender. Y cuando esa señora se dirigió a mí, estoy seguro de que, además, también yo estaba sintiendo la necesidad interior de aprender a vivir. Entonces, aproveché su pregunta y le dije: -Yo le enseñaré.
Creo que dentro de mí una voz me decía: «También yo necesito saber eso. Podemos trabajar juntos en ello». (En aquel momento pensé que necesitaríamos unas ocho sesiones, y que en un par de meses ya sabríamos cómo vivir. Pero aquel cursillo se ha extendido durante más de quince años, y yo todavía estoy trabajando en el mismo problema, el de vivir.)
Envié cartas a un centenar de pacientes, invitándolos a participar en un grupo para hablar de su vida, hacer dibujos y aprender a convivir con su enfermedad. Pensé que ellos se lo dirían a otros, y esperaba que responderían centenares de personas. Pero sólo aparecieron una docena de mujeres, de manera que empezamos con aquel pequeño grupo. (Y tampoco es coincidencia que fueran mujeres.)
Yo quería descubrir qué diferenciaba a esas personas. En mi condición de cirujano, ¿qué podría aprender de ellas? ¿Y cómo podían otras personas aprender a convertirse ellas también en «supervivientes»? Esas mujeres me estaban enseñando qué era vivir, me demostraban que yo no tenía las respuestas, porque no me había enfrentado con la adversidad como ellas. Había creído que sería yo quien les enseñaría y les ayudaría, pero me di cuenta de que eran ellas quienes me enseñaban a mí.
Empezamos a reunirnos regularmente, y a la larga, a partir de nuestras reuniones se fueron organizando charlas más prolongadas y algunos talleres. Mi mujer, Bobbie, fue quien bautizó al grupo. Lo llamó «Pacientes excepcionales de cáncer» [en inglés, Exceptional Cancer Patients (ECaP)]. En la actualidad, los ECaP se han convertido en recurso y modelo de los grupos de apoyo en el mundo entero.
Hemos comprobado que todas las enfermedades se ven afectadas por las intervenciones psicosociales.
Y a mí me emocionan los últimos cambios en la actitud de los médicos. Incluso en los hospitales, estamos empezando a humanizar nuestro trato con la gente, en vez de limitarnos a un enfoque meramente mecánico de la enfermedad.
Después de haber fundado los ECaP, Bobbie y yo empezamos a viajar por todo el país, dando conferencias y dirigiendo talleres sobre el arte de sanar. Yo había tenido la esperanza de que mis libros (Love, Medicine and Miracles y Peace, Love and Healing) responderían a muchas de las preguntas que se hace la gente. Pero no me di cuenta de lo que puede representar un libro en lo que se refiere a que el mundo se entere de la existencia del autor, y me encontré con que la vida se me había puesto patas arriba.
La gente empezó a querer ponerse en contacto conmigo; ya no le bastaban mis libros.
En las conferencias y los talleres se me acercaban para hablar conmigo y hacerme muchas preguntas. Otras personas, impulsadas por su necesidad, me escribían o me llamaban. Ha habido quien, a veces, se me ha acercado en momentos inoportunos, y yo no siempre he podido responder a las preguntas de la forma en que me hubiera gustado hacerlo.
He escrito este libro para dar más respuestas. Vosotros habéis sido mis maestros y me habéis ayudado a encontrar respuestas. Algunas de las preguntas que incluyo en este libro se refieren a problemas universales; otras son más específicas.
Algunas no podré responderlas jamás; sólo vosotros tenéis las respuestas. Yo quiero que este libró os ofrezca información, pero también deseo que sea un apoyo muy especial, una voz que consuela, un abrazo que no siempre puedo dar en persona cuando hace falta. Juntos aprenderemos.
Desde luego, es mejor no necesitar ningún libro a modo de guía, y tener la fuerza y la capacidad interior necesarias para afrontar todos los problemas. Entonces, podemos simplemente mirar en nuestro propio corazón, escucharnos, recurrir a nuestras fuerzas y a las de nuestros seres queridos, y superar de una forma saludable cualquier dificultad. Es lo que espero que haga por ti este libro: ayudarte a escuchar esa voz, la más importante de todas, la que habla desde tu interior, para que así puedas aprender lo que es la verdadera salud.
¿Cómo podemos saber de qué manera hemos de vivir? ¿Cómo podemos encontrar nuestro camino?
He observado que hay un tema recurrente, que aparece una y otra vez en cuentos y relatos, y es el del caballo que encuentra el camino a casa cuando le aflojan las riendas.En el mito del Grial, Parsifal, el caballero, entra con su caballo en la parte más oscura del bosque y suelta las riendas. En el Yoga Journal, se habla del carruaje tirado por caballos que, si lo conduce solamente el intelecto, va a parar a una zanja, mientras que cuando en su conducción participa el lado intuitivo, la parte de nosotros que, en un nivel profundo, conoce el camino adecuado, la dirección de nuestra vida se aclara.
Creo que dentro de cada uno de nosotros se encuentra el conocimiento de nuestro camino. Es algo intuitivo. Y sin embargo, es muy frecuente que lo abandonemos y, en lugar de vivir nuestra propia vida, sigamos el camino que otra persona ha escogido para nosotros. Pero podemos prestar atención a la senda por donde nos gustaría ir, podemos seguir montados en el caballo, pero aflojando las riendas.
La dirección más importante que podemos tomar no es hacia el este o el oeste, hacia el norte o el sur; es hacia el interior de nosotros mismos. Hay una senda que te lleva a tu propio corazón, al cofre de tus propios tesoros, y es la que yo querría que siguieras. Cuando la gente lo hace, le oigo decir: «Tengo una enfermedad, pero ella no me tiene a mí».
Siempre he sentido que la vida y la naturaleza nos señalan cuándo estamos bien encaminados. Cuando encontramos nuestra manera de aportar amor al mundo, estamos en armonía con él, en sintonía con nuestra inteligencia y con la naturaleza. Procuremos, pues, hallar el modo de dar en la vida.
A menudo oigo que la gente habla de cómo el cáncer puede ser una llamada que despierta, un nuevo comienzo. Muchas personas me han dicho que eso es lo que representa para ellas.
-Ha sido un don para nosotros y una experiencia positiva en nuestra vida -oigo decir a los padres de un pequeño enfermo de cáncer.
No están diciendo a los padres de otros niños enfermos que la enfermedad sea un don, sino que les enseñan qué se puede obtener de ella.
A una mujer llamada Esther Redelsheimer, que tuvo que enfrentarse con un cáncer de mama, le preocupaba este tema, y me escribió:
Cerré de golpe su libro. Ya había leído bastante sobre los beneficios de la enfermedad. La mía era un tumor de mama, maligno, y yo no iba a ponerme a buscar ninguno de sus beneficios. Estaba enferma, no loca. No era como tener un bebé. En ese caso el beneficio de las náuseas matutinas, del aumento de peso y de los dolores del parto era bien visible. Ahí estaba, en mis brazos, cálido, bonito, milagroso, respirando con calma en su sueño. Tener un bebé era fascinante, pero un tumor no. El tumor me daba miedo. La intervención, una mastectomía doble que ni siquiera era una curación segura, me asustaba todavía más. Y después de la intervención me sentí más débil que después del parto.
Mi respuesta fue compartir con ella un poema llamado «Nacimiento», escrito por Leslie Baer, una mujer que también tenía cáncer:
A veces, nueve meses parecen demasiado tiempo
mientras observo el cambio en mi cuerpo.
Cansada, inmóvil, miro fijamente la vida,
y vivo dentro de mi mente.
Los libros y la música me transportan
más allá del cuerpo,
y se agita dentro de mí una nueva vida.
Los nueve meses, finalmente, pasan
y doy a luz a mi hijo.
La incomodidad y el dolor
ahora se justifican.
Radiación y quimioterapia.
A veces, doce meses parecen demasiado tiempo
mientras observo el cambio en mi cuerpo.
Sentada, inmóvil, miro fijamente la vida,
y vivo dentro de mi mente.
Los libros y la música me transportan
más allá del cuerpo,
y se agita dentro de mí una nueva vida.
Los doce meses, finalmente, pasan
y me doy a luz a mí misma.
La incomodidad y el dolor
ahora se justifican.
La vida es un dolor de parto, que vale la pena si podemos darnos a luz a nosotros mismos.
Pero yo veo a personas que, en cierto sentido, han muerto para mantenerse vivas. Estoy hablando de convertirse en alguien que no se quiere ser, a causa de la presión de los padres o de otras figuras de autoridad, de convertirse en médico, maestro, fontanero o ama de casa, aunque ni el trabajo ni el papel tengan significado para uno. Y entonces, un día, nos dicen que sólo nos queda un año de vida.
A algunas personas, descubrir que son mortales les da, finalmente, permiso para vivir su vida.
Entonces es cuando el maestro deja su trabajo y se muda a la orilla del mar, cuando el médico se compra una flauta, el ama de casa vuelve a la universidad y el fontanero se hace escultor. Dejan que muera su falso yo para dar nacimiento a lo que verdaderamente son. Uno puede suicidarse sin dañar su cuerpo.
No se necesita ningún permiso para hacer eso. Todos somos mortales. No esperes a que alguien te diga que tienes cáncer o sida. Empieza a vivir ahora. Bríndate una nueva fecha de nacimiento.Entonces el proceso de sanación psicológica y espiritual se podrá producir, y además puede ir acompañado de una curación física.
El cambio físico es una consecuencia del hecho de haberse dado a luz a uno mismo, libre de las enfermedades del pasado.No te enfades contigo ni te culpes por la forma en que has sobrevivido y satisfecho tus necesidades. Todos los síntomas son honorables: te reencaminan, te llevan hacia delante. Lo pasado, ya pasó.
Es interesante que Esther Redelsheimer, que había empezado enfadándose y preguntando cuáles eran las ventajas de estar enferma, terminara su carta diciendo que su vida había tomado una nueva dirección:
Independientemente de lo que haga -trabajar de voluntaria, arreglar el jardín o algo especial como acudir a un concierto-, cada día me ofrece una buena cantidad de significado y oportunidades. He decidido encontrar el significado y sacar partido de las oportunidades. Mi enfoque ha sido contagioso, y mi marido parece haberlo captado. Ojalá no hubiera tenido que admitirlo, porque debería haber sido capaz de celebrar la vida sin tener que enfermar de cáncer. Pero mi nueva evaluación, lo mismo que la de mi marido, es un beneficio de la enfermedad.
Y ya que me he puesto a admitir los beneficios, tengo que añadir que he dejado de planchar camisas. Mientras estuve en el hospital nos resultaba más fácil y mejor llevarlas a la lavandería. Y además, desde que me hicieron la cirugía reconstructiva, si quiero hasta puedo ir sin sujetador, y a veces lo hago. A pesar de todo, si vuelvo a enfermar, preferiría no hablar de beneficios.
Sé que el entorno y la herencia desempeñan su papel en la capacidad que cada cual tiene de llevar una vida plena y de mantenerse sano. Me hago cargo de que tú puedes haber nacido con alguna dolencia o haber vivido en un ambiente nocivo. Pero estamos hablando de las opciones que uno hace y que sanan su vida. Hay tetrapléjicos prisioneros en su cuerpo que llevan una vida sanada, y epilépticos y personas que padecen parálisis cerebral, y gente que está en la cárcel, y personas con cáncer, sida o cualquier otra enfermedad.
Todos podemos llevar vidas sanadas y convertirnos en sanadores de quienes nos rodean.
Veo cómo un artista tetrapléjico sujeta el pincel con la boca para crear belleza y amor. Sé de una mujer que padece una parálisis cerebral con atetosis y no puede controlar ninguna parte de su cuerpo. Para que logre escribirme una carta han de atarla a una silla y amordazarla con el fin de que no se caiga ni babee sobre el ordenador. Entonces puede mecanografiar con la nariz sobre el teclado. Me envió una tarjeta de Navidad en la que me decía: «Pasemos la Navidad con Jesús, ayudando a seres menos afortunados que nosotros».
Las personas como ella no nos inspiran porque sus desdichas hagan que las nuestras nos parezcan menos graves, sino porque nos enseñan. La cuestión no es quién tiene el peor problema; todos tenemos problemas, y al afrontarlos podemos inspirarnos los unos a los otros.
Me contaron que en uno de los episodios de la serie Los intocables, Eliot Ness captura a un gángster parapléjico que está en una silla de ruedas. Ness le pregunta por qué se convirtió en un criminal, y el gángster le responde: «Siendo un disminuido, ¿cómo podía ganarme la vida? Tuve que hacerme gángster. ¿Qué otra cosa podía haber hecho?». Ness se saca del bolsillo un periódico que anuncia que Franklin Delano Roosevelt ha sido elegido presidente. Hay una foto de él en una silla de ruedas, y se la muestra al criminal, diciéndole: «Bueno, por ejemplo, podría haberse presentado como candidato a la presidencia».
Hay personas que tienen tanto miedo de arriesgarse, de no ser nada, que, de hecho, se matan en vez de vivir su vida.
Recientemente estuve en una conferencia que se anunciaba con el título de «Lo humano sin límites». Creo que apenas estamos empezando a tantear y a entender que para los seres humanos la cuestión que se plantea no es de límites, sino de posibilidades.
Sí, uno tiene que estar dispuesto a arriesgarse. Un hombre me dijo hace poco que estaba pensando en escribir un libro titulado La segunda vida, hablando de lo que ha hecho la gente impulsada por un cáncer, una enfermedad cardíaca o un accidente.Pero yo no quiero que la gente necesite una segunda vida, sino que viva ésta, la que tiene ahora.
La vida es una oportunidad para que cada cual haga, a su manera, su contribución de amor.
Me gustaría que encontraras la fuerza que -estoy seguro- llevas en tu interior para nutrirte de ella, y que después usaras esa fuerza y esa energía para vivir plenamente. Te darás cuenta de que eres una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. De la misma manera que un solo pensamiento afecta a la totalidad de tu cuerpo, también tú, cuando cambias, afectas a todo el mundo. Date, pues, a luz y empieza a vivir. Deja que el río de tu vida fluya libre y profundamente, y que los guijarros de tu amor caigan en el agua para crear ondulaciones que nos alcancen a todos.
¡Socorro! Desde aquí, ¿a dónde voy?
Esta es la verdadera dicha de la vida, que te usen para un propósito que tú mismo reconoces como inmenso; que te apuren hasta la última gota antes de arrojarte al montón de la basura.
GEORGE BERNARD SHAW
Epístola dedicatoria a Hombre y superhombre
No quiero que me ahorren, quiero que me gasten.
FRITZ PERLS
Fundador de la terapia Gestalt
Somos perfectamente imperfectos
Recibo muchas cartas, y a menudo terminan con estas palabras: «¡Socorro! Desde aquí, ¿a dónde voy?». A veces, esta pregunta la hace gente que está enferma, o quizás alguien que se ha recuperado y se pregunta qué hacer con su vida.


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